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Nostalgia Gardeliana
(a Carlos Ruiz Zaldívar cada 24 de junio)
La tarde se extiende perezosa sobre su calle
el ruido de un tren atenta contra los días
quiebra el orden natural de las emociones,
un poema escrito con más nostalgia que razón
vive en su rostro anochecido.
Prevalece junto a lo único que posee:
la voz de Gardel en un disco de acetato,
la soledad humilde y retraída
que inventa el otoño
y que se oculta de si misma.
-- Quiso despojarse una noche de su corazón --
“un sentimiento triste que se baila”,
saber que nadie está solo
ni el grillo que calla después de la lluvia.
Nada podrá derribar sus ochenta
calendarios
ni el contacto de sus huesos
con la permanente intemperie,
la que dejó en el olvido
como los absurdos cálculos del destino
ni su sombrero gardeliano
pletórico de entusiasmo
que se equilibra en una percha.
Inventa cada vez que puede el mar de
Pisagua
su infancia de mareas que aún lo persiguen
un antiguo retrato que deambula
como la tenue luz de un candil
que lo atrapa en una pared cuesta abajo
como un tango que sólo él conoce.
Escribió en la estación del ferrocarril una señal
que aún existe en aquella confusa caligrafía
el dolor gris de los días
que se oxidan en los rieles
donde aún pernocta el silbato triste de una vieja
locomotora.
de:
El Amor se Declara Culpable
El Amor se Declara Culpable
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